El Diablo
Las cadenas están lo suficientemente sueltas como para quitártelas, pero te has convencido de que están cerradas con llave. El Diablo representa la prisión que nosotros mismos construimos: apegos que ya no nos sirven, patrones que confundimos con identidad, placeres que se han vuelto compulsiones. Las figuras tienen cuernos y cola no porque sean malvadas, sino porque han olvidado que son humanas. ¿Qué estás aferrando que te retiene? La antorcha ilumina la jaula; solo tú puedes elegir salir. La puerta siempre ha estado abierta.
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